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jueves, 14 de agosto de 2014

TVE: Programa familiar con reparos, el espacio de TVE impedirá participar a parejas homosexuales y hogares monoparentales








Programa familiar, pero sin homosexuales ni padres solteros

La nueva gran apuesta de Televisión Española no ha pasado aún de la fase de preselección y ya está dando dolores de cabeza a la cadena. El concurso ¿Quién manda aquí? es un “formato familiar” que enfrentará a tres equipos formados por una pareja de adultos y un niño de entre 8 y 12 años. Las normas están claras: entre los adultos pueden concursar matrimonios, novios, exparejas, hermanos, primos... Todos son bienvenidos, siempre y cuando cumplan dos condiciones. La primera, compartir techo. La segunda, ser hombre y mujer. Las parejas homosexuales y las familias monoparentales, por tanto, quedan excluidas del programa, al igual que los familiares que no vivan en el mismo domicilio.
El show será producido por Gestmusic Endemol y emitido por TVE en el próximo otoño. No es la primera vez que la empresa catalana realiza programas para la televisión pública: formatos como Operación triunfo o, más recientemente, Mira quién baila o Uno de los nuestros han sido orquestados por esta firma. Tal y como explica la web de la cadena pública, en cada programa tres equipos deberán enfrentarse a una serie de pruebas para hacerse con el premio final: un viaje valorado en 3.000 euros.
Cada uno de los miembros de los grupos debe realizar una apuesta sobre en cuánto tiempo o con qué resultado puede su compañero realizar las diferentes tareas propuestas. Pero las limitaciones con respecto a los participantes que figuran en las bases del programa no dejan lugar a dudas: “Los adultos pueden ser el padre y la madre del menor u otras personas con el menor, siempre un hombre y una mujer, que convivan todos ellos y el menor juntos habitualmente”. Tampoco dejan lugar a dudas las declaraciones de Gerardo José Pérez Meliá, vicepresidente de la Fundación Triángulo: “Nos parece poco acertado, por no decir discriminatorio”.
El programa es una adaptación del formato turco My partner knows, que emite desde 2012 la cadena privada Kanal D, segunda en seguimiento en su país con cerca de un 9% del share. El concurso fue una de las revelaciones del año en la televisión turca y llegó a liderar el tramo de máxima audiencia. Dicha asociación de defensa de los derechos del colectivo LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales) considera que, en el caso español, resulta “más grave aún que sea TVE, una cadena pública, quien lo emita, que se dedique dinero de los contribuyentes a perpetuar un modelo que no es el actual”. Desde la aprobación del matrimonio igualitario en 2005, más de 30.000 parejas homosexuales se han casado en España, y solo en 2013 lo hicieron 3.102 (un 2% del total de enlaces registrados en ese año). El año pasado, España sumaba 1.707.700 hogares formados por un padre o madre y sus hijos, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Pérez insiste en que hay una “realidad que se ve todos los días en la calle” que no está representada en este formato televisivo.
Imagen de la edición turca del programa.
Con él coincide Isabel Martínez, presidenta de la Asociación de Familias por la Diversidad: “Es totalmente discriminatorio e ilógico. Me gustaría que me explicaran cuál es el motivo. Hay una ley que nos permite casarnos y que está sustentada por el Tribunal Constitucional [que rechazó en 2012 el recurso que había presentado el Partido Popular]. Me gustaría saber qué es lo que impide que una familia formada por dos hombres o dos mujeres, o uno de los padres y su hijo, sea reconocida en todos los ámbitos”.
Jordi Rosell, director de programas de Gestmusic Endemol, responde: “En ningún momento jugamos a la discriminación”. Rosell achaca las limitaciones de los concursantes a la naturaleza del formato... y de los concursantes. “Lo hacemos para que haya igualdad de oportunidades. Si hay una prueba de fuerza, por ejemplo, no es lo mismo que compita una mujer o un hombre. Si hay tres mujeres y un hombre, seguramente tenga más posibilidades de ganar el hombre”, explica. La web del programa enumera posibles retos, como “¿Apostarías que tu padre es capaz de comerse 20 guindillas en un minuto?” o “¿Cuánto tardará tu mujer en marcarse 15 canastas jugando al baloncesto?”.
El productor asegura que su empresa se ha limitado a seguir el formato comprado a Kanal D. En Turquía no está aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo y, aunque no existe legislación específica que prohíba la homosexualidad, sí está definida oficialmente como un acto “no natural”. “Estamos hablando sin conocer el formato”, insiste Rosell. “Este programa ha funcionado así en otros países”, apostilla.
Sin embargo, Gestmusic Endemol sí ha introducido cambios en otros aspectos de las normas de juego. En la versión original, no participan niños. En la adaptación española, en la parte dedicada a los menores no hay diferenciación de sexos: chicos y chicas competirán unos contra otros. Según el productor, para ellos han pensado retos “en los que ambos puedan competir y no sientan la responsabilidad de perder”.
TVE no ha respondido a las preguntas formuladas por este periódico.
Tanto la Fundación Triángulo como Familias por la Diversidad se lamentan del “retroceso” que supone el programa, y recuerdan que tampoco las familias monoparentales podrán participar en el concurso a no ser que lo hagan acompañadas por otro adulto, con el que, además, tienen que convivir. “Que una persona homosexual no tenga referentes públicos en los que se pueda reconocer puede ser dramático”, añade Isabel Martínez. Mientras, Rosell sostiene: “Esto es solo entretenimiento, no hay más”.

martes, 1 de mayo de 2012

Manifiesto sobre los derechos civiles de la personas LGTB en Europa




MANIFIESTO SOBRE LOS DERECHOS CIVILES EN EUROPA DE LAS PERSONAS LGTB Y DE LA CIUDADANÍA EN GENERAL, EN RECONOCIMIENTO DE LAS PAREJAS Y DE LA FILIACIÓN

PREÁMBULO


Hace ya más de veinte años que las sociedades democráticas en Europa iniciaron una escalada acelerada de reconocimiento de los derechos individuales de las personas LGTB, así como de sus derechos y obligaciones dentro del ámbito del derecho de familia.

Pese a que este reconocimiento ha significado un avance indudable, es preciso señalar que este todavía es parcial, diverso y desigual entre los diferentes estados, así como en el seno de las diferentes organizaciones de integración europea (básicamente la Unión Europea y el Consejo de Europa).

Es decir, junto a la pluralidad real de las familias, existe una situación de derechos muy diferente en los diversos países de Europa, hecho que genera prohibiciones, refugiados y exiliados.

Debemos recordar que en muchas ocasiones el reconocimiento legal o jurisprudencial a favor de las personas y las familias LGTB se encuentra con problemas graves a la hora de su aplicación real. Hay estados que no transponen íntegramente a su legislación interna los derechos reconocidos a favor de las personas LGTB por parte de las Directivas de la Unión Europea, y que también ignoran los avances jurisprudenciales del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, así como los que el Tribunal de la Unión ha logrado a favor de la emancipación de las personas LGTB.

Tampoco podemos olvidar las reticencias de muchos estados a reconocer la eficacia, cuando menos atenuada, de las relaciones válidamente constituidas por las personas LGTB en otros estados miembros, alegando así abusivamente la cláusula de orden público.

Creemos que la negativa de la mayor parte de los estados del Consejo de Europa a reconocer el derecho de las parejas LGTB a contraer matrimonio (excepto Holanda 2001, Bélgica 2003, España 2005, Noruega 2009, Suecia 2009, Islandia 2010 y Portugal 2010) y la oposición a reconocer el derecho de las parejas o los matrimonios LGTB a la adopción conjunta (excepto Holanda 2000, Suecia 2002, Reino Unido 2002, España 2005, Islandia 2006, Bélgica 2006, Noruega 2009, Dinamarca 2010, Alemania 2004 [solo la adopción coparental del hijo de la pareja] y Finlandia 2009) supone una violación del derecho a la igualdad reconocido en el artículo 14 de la Convención Europea de Derechos Humanos y Libertades Fundamentales (CEDH), así como del derecho a contraer matrimonio (art. 12 CEDH) y del derecho al respeto a la vida privada (art. 8 CEDH). Por otra parte, cabe recordar que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ya estableció en el caso Goodwin que el derecho a contraer matrimonio (art.12 CEDH) no depende de la capacidad de procrear.

Creemos que la negativa sistemática de ciertos estados a extender a favor de las parejas LGTB los derechos y las obligaciones reconocidos a favor de las parejas de diferente sexo, (régimen jurídico de la pareja, prestaciones públicas, parentalidad, adopción, etc.) conculca, entre otras, la jurisprudencia del TEDH establecida desde la sentencia Siegmund Karner versus Austria. Toda diferenciación de trato basada en la orientación sexual requiere razones particularmente serias para ser justificada.  Todos estos problemas, entre otros, conducen a las personas LGTB y a sus familias a soportar un estatuto personal débil y falto de seguridad jurídica dentro  de Europa. Esta situación es un obstáculo a la construcción de la identidad de la ciudadanía europea pero, sobre todo, conculca el derecho de las personas LGTB y de sus familias a ejercer sus derechos en condiciones objetivas de igualdad y de dignidad.

A título de ejemplo, la Directiva 2004/38 del Parlamento Europeo y del Consejo del 29 de abril de 2004 establece el régimen jurídico que se debe aplicar a las parejas constituidas dentro de un estado miembro en caso que uno de los miembros no sea ciudadano de la Unión o de ninguno de los Estados adheridos al Tratado del Espacio Económico Europeo a efectos de libertad de circulación y de residencia.

Pues bien, muchas parejas de personas procedentes de dos países diferentes no ven reconocidos los mismos derechos, ni los de sus hijos, en el país de origen de cada miembro de la pareja, o en un tercero de residencia. Estas situaciones de pareja, y particularmente en relación a la filiación, piden una armonización a la alza de los derechos en el ámbito europeo.

A estos ciudadanos y ciudadanas de terceros países, cuando forman pareja con una persona ciudadana de la Unión y esta cumple los requisitos de las Directivas y los requisitos que los Estados Miembros puedan establecer a través de las respectivas leyes de transposición, no se les podrá aplicar el régimen general en materia de inmigración sino que tendrán el derecho a ser incluidos en el régimen mucho más beneficioso establecido por el derecho comunitario.

A pesar de las disposiciones legales, hay estados que rechazan la aplicación del régimen comunitario de libre circulación y de residencia al miembro nacional de tercer estado aunque este mantenga una relación de pareja demostrada o incluso de matrimonio.

Este es un ejemplo paradigmático en el que los derechos reconocidos a las personas LGTB a través de toda una serie de instituciones reconocidas en diferentes ámbitos (como el nacional: pareja registrada o incluso el matrimonio en Holanda, Bélgica, España, Noruega, Suecia y Portugal, y el europeo: régimen europeo de libertad de circulación y residencia de la directiva mencionada) son anulados por actitudes reticentes de ciertos estados en aplicación incorrecta de su legislación nacional, la cual no tiene en cuenta los límites establecidos por la normativa y jurisprudencia europea.

Las situaciones de los derechos  en los  diferentes países ofrecen un marco muy diverso. En cada estado la legislación y las prohibiciones se han justificado en la mayoría de casos por razones de un “derecho natural”. Un enfoque que no coincide entre un país y otro, con unas disposiciones que suponen diferentes formas, a menudo contrapuestas, sobre aquello que se entiende por “natural”, fruto y herencia de ideas antiguas, superadas por los tiempos y por la cultura de la población.

La reivindicación de una aplicación igualitaria de los derechos de las personas LGTB en toda Europa es un reflejo de un movimiento cívico más amplio, que va más allá y afecta a toda la ciudadanía de Europa, como por ejemplo a las parejas heterosexuales no casadas y a las personas solas, que tampoco disfrutan de los mismos derechos en la filiación por adopción, reproducción asistida o subrogación. El momento presente pide un avance en los derechos y su regulación jurídica, como se hizo hace años con el divorcio y la interrupción del embarazo, que fueron regulados por ley de manera general a partir del último tercio del siglo pasado en la mayoría de los países de Europa, fruto de las presiones sociales y del impulso del movimiento feminista.

En esta situación, desde el movimiento LGTB nos planteamos una reivindicación a escala europea de la ampliación de nuestros derechos y de los derechos generales de la ciudadanía.

MANIFIESTO

Conscientes de las demandas de la sociedad europea y del atraso de las legislaciones respecto de la opinión pública mayoritaria en toda Europa:

Reclamamos el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo.

Reclamamos la igualación de los derechos de las parejas heterosexuales, casadas o no, en relación a la filiación para las parejas homosexuales, casadas o no, y para las personas que quieran constituir familias monoparentales.

Reclamamos que el derecho a la adopción y al acogimiento, siempre en función del derecho superior del menor, no discrimine en función de la condición de soltero/soltera o pareja de hecho, o casada, ni por la orientación sexual, heterosexual u homosexual, de la persona demandante.

Reclamamos que el derecho al acceso a la reproducción asistida no pueda discriminar por el hecho de ser solteros/solteras, pareja de hecho o casada, ni por la orientación sexual, ni por formar una familia homoparental.

Reclamamos que el acceso a la subrogación de la maternidad se regule de manera más uniforme en Europa, puesto que es una realidad presente no solamente en los países anglosajones sino también, y cada día más, en el resto de naciones que forman parte de la Unión Europea.

Reclamamos la aceptación por parte de todos los estados europeos de los matrimonios establecidos en otros estados (europeos y no europeos) por parte de ciudadanos europeos y/o residentes en Europa sin discriminación por razón de su orientación sexual.

Reclamamos la aceptación por parte de todos los estados europeos de las filiaciones establecidas en otros estados (europeos y no europeos) de los hijos de ciudadanos europeos y/o residentes en Europa, sin discriminación por razón de la orientación sexual de los padres o madres de estos niños y niñas.


Denunciamos que nuestras familias, ante la carencia de leyes que las amparen en el acceso en igualdad de condiciones a las técnicas de reproducción asistida (fecundación in vitro, gestación por subrogación, etc.), se ven obligadas a viajar a otros países (dentro y fuera de Europa), con las subsiguientes dificultades que esto supone en el reconocimiento de la filiación y el registro civil de sus hijos e hijas.

Denunciamos los numerosos casos de niñas y niños que no ven reconocido su marco familiar, ni la filiación con respecto a uno de sus  padres o madres, con un perjuicio grave de su seguridad y una importante carencia en el reconocimiento de sus derechos.

Filiación y matrimonio son aspectos fundamentales de la nueva cultura política de Europa, de cara a la construcción de una esfera privada respetada y asumida públicamente. Las diferencias entre estados no se pueden justificar en términos culturales, puesto que representan limitaciones en los derechos básicos y carencias en la definición de los derechos de ciudadanía. Son un deber pendiente en la construcción de la identidad de la ciudadanía europea.



lunes, 17 de octubre de 2011

En defensa de nuestras familias



Antonio Poveda Martínez

Presidente de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales*

* También firman este artículo Miguel Ángel Sánchez Rodríguez, de la Fundación Triángulo;

Isabel Gómez González, de la Asociación de gais y lesbianas con hij@s; Elisabet Vendrell i Aubach, presidenta de la Associació de Famílies Lesbianes i Gais y de FLG; y Esther Nolla, de la Asociación de Madres y Padres de Gays, Lesbianas, Bisexuales y Transexual

Ilustración de Enric Jardí

En estos días se cumplen seis años de la interposición del recurso de inconstitucionalidad por parte del Partido Popular para invalidar la reforma del Código Civil que reconocía el derecho al matrimonio para las parejas del mismo sexo. Este cambio legal constituyó un histórico avance en la equiparación legal de un colectivo, el que componemos gais, lesbianas, transexuales y bisexuales, que ha sido olvidado y discriminado a lo largo del tiempo, ampliando la protección legal a nuestra realidad familiar, tanto a las parejas como a sus hijos e hijas. Supone, además, tras décadas de invisibilidad y marginación, un reconocimiento de nuestra dignidad en una sociedad avanzada, plural y diversa. Este hecho debe producir satisfacción, no sólo en la comunidad afectada, sino también en el conjunto de la ciudadanía en la medida en que es una ampliación de derechos y libertades.

El recurso del PP es una auténtica espada de Damocles que pesa desde 2005 sobre las más de 25.000 parejas casadas desde entonces y sus familias. Sí, familias que están compuestas por dos mujeres, dos hombres, por sus hijos e hijas, con sus respectivas familias extensas que incluyen a abuelos y abuelas, tías y tíos… hablamos de varios centenares de miles de personas en España que nos hemos acostumbrado a vivir en la incertidumbre y la inseguridad y ese no es el mejor contexto para desarrollar nuestros proyectos de vida y, lo más importante, los de nuestros niños y niñas.

Incertidumbre porque, aunque tenemos la convicción del acto de justicia que supuso la reforma del Código Civil, efectivamente, ha de ser el Tribunal Constitucional el que sancione su plena compatibilidad con la Carta Magna porque así lo ha querido el Partido Popular, que con su recurso persigue anular la extensión de derechos y libertades conseguidos en aquella reforma, que no perjudica a nadie y sí implica dignidad y felicidad para muchas familias.

Además, la inseguridad por las consecuencias que podría tener una sentencia negativa del Constitucional o una “contrarreforma” impulsada por una hipotética mayoría parlamentaria del Partido Popular para esas decenas de miles de familias que en estos años han podido “salir del armario” ganando protección y dignidad. En estos últimos días, distintos medios españoles y extranjeros, entre ellos el diario Público, se han hecho eco tanto del aumento de los trámites de matrimonio entre personas del mismo sexo que se están produciendo en España en los últimos meses como del aumento de más de un 40% en las demandas de información a las organizaciones lgtb españolas.

¿Habría algo más cruel que negar estas indudables mejoras a padres, madres, hijos e hijas? El tiempo transcurrido ha desmentido algunos de los argumentos más manidos en su momento, ¿acaso se han cumplido las apocalípticas premoniciones de los sectores más conservadores que anunciaban el fin de “la familia”? Cada pareja, cada proyecto de convivencia ha podido elegir, libremente, gracias a la reforma del Código Civil, cómo organizar su relación afectiva sin perjudicar en ningún momento unas opciones a otras. El único perjuicio que existía (y puede reeditarse) es aquel que se deriva de un modelo excluyente que niega la pluralidad que ahora mismo la legalidad sí ampara. La igualdad de un colectivo ha de ser completa o, por el contrario, no lo es. Por esta razón es vital respetar la libertad de gais, lesbianas, bisexuales y transexuales para elegir, en caso de querer afianzar su unión desde el punto de vista legal, entre un enlace en matrimonio o por una unión de pareja de hecho; sólo así la convivencia de estas personas se producirá en igualdad de condiciones con el resto de la ciudadanía. Hasta que el Tribunal Constitucional no se pronuncie, se mantiene esta duda jurídica y esto nos crea un gran desasosiego.

No es aceptable que el PP trate de confundir a la sociedad con la cortina de humo del “nombre” que sistemáticamente lanza su líder, Mariano Rajoy. Si trata de disimular su recurso diciendo que es favorable a reconocer derechos pero que discrepa en que a eso se le llame “matrimonio”, ha de saber que no caemos en su trampa: nuestras familias son tan dignas como las que forman parejas heterosexuales y, por tanto, ¿por qué habrían de tener una denominación diferente y un reconocimiento legal distinto de estas? Lo que es igual ha de llamarse de la misma manera. Cualquier otra fórmula nos remite a sistemas de segregación racial de infausto recuerdo que se empeñaban en autojustificarse negando su raíz discriminatoria cuando afirmaban que personas blancas y negras tenían los mismos derechos siempre que estos se ejercieran dentro de sus respectivas comunidades. Emulando la lucha por los derechos civiles de aquellos años, estamos dispuestas y dispuestos a convertirnos todos en Rosa Parks para denunciar la ignominia a la que algunos aún quieren condenarnos.

Merecemos la dignidad y la libertad de cualquier otra persona. Existíamos, existimos y existiremos de hecho, con recurso o sin recurso, con sentencia del Constitucional positiva o negativa. El debate real es si una sociedad democrática y avanzada, como la española, está dispuesta a soportar un escenario en el que se condene, otra vez, a la clandestinidad a miles de familias vetando su derecho más elemental al amor y la felicidad.

domingo, 16 de octubre de 2011

Castellón: III Encuentro Estatal de familias homoparentales


Familias homoparentales

III Encuentro Estatal. Más de 80 familias formadas por progenitores del mismo sexo procedentes de toda España se dan cita este fin de semana en estas jornadas, que buscan ser punto de encuentro y espacio para compartir experiencias e inquietudes que les afectan como colectivo.


SARA RIOS CASTELLÓ El modelo tradicional de familia ha sufrido en los últimos años importantes cambios. Los divorcios, el incremento de mujeres que optan por ser madres solteras y la aplicación de la Ley de Matrimonios Homosexuales ha impulsado la diversidad familiar, cada vez más presente en la sociedad. Niños con dos madres o dos padres, pequeños con solo una mamá, y hermanos de padres diferentes es una realidad social que continúa sembrando dudas entre los sectores más conservadores.

Sin duda, cada vez son más los compañeros de colegio de nuestros hijos que tienen nuevos núcleos familiares, que son tan válidos para la educación de los menores como lo es el modelo tradicional, según ponen de manifiesto multitud de estudios psicológicos y pedagógicos realizados.

Más allá de estereotipos y estigmas sociales, en lo que todos están de acuerdo es que lo único importante es la felicidad de los niños y poco importa en este anhelo la tendencia sexual de sus progenitores. Aunque la presencia de familias homoparentales, formadas por dos madres o dos padres, es cada vez más habitual, el secretismo por el miedo al rechazo sigue siendo el principal escollo a salvar.

Con la finalidad de lograr esta visibilidad y poner en común a familias homoparentales de toda España para que compartan experiencias e inquietudes, este fin de semana se está celebrando en Orpesa, en Marina d'Or, el III Encuentro Estatal de Familias Homoparentales de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (Felgtb).

Más de 80 familias de todo el país participan en estas jornadas en las que hay programadas multitud de actividades, centradas en talleres prácticos, conferencias y mesas redondas, en las que numerosos expertos abordan temáticas de gran relevancia para este colectivo.


Espacio de encuentro

"El objetivo principal es proporcionar un espacio a las familias para que puedan encontrarse y relacionarse con otras de las mismas características. Para una familia de Madrid es fácil tener contacto con otra similar pero para alguien de Ávila puede resultar más complicado encontrar referentes", señaló la responsable de Diversidad y Familias de la Felgtb, Luisa Notario.

Uno de los ejes principales de este colectivo pasa por lograr introducir la diversidad sexual y familiar en los colegios. "Actualmente, conviven modelos de familia muy diferentes, pero el que se traslada a nivel educativo sigue siendo el formado por un hombre y una mujer, por lo que es necesario desterrar todas las manifestaciones que excluyen", destacó Notario.

A día de hoy no existen cifras fiables del número de familias homoparentales que existen en España, ya que está previsto que se recoja este año en la encuesta de población que publica el Instituto Nacional de Estadística. Lo que si se conoce es que el número de familias homoparentales formadas por mujeres es casi diez veces superior a los hombres, teniendo en cuenta que ellas tienen más fácil se madres a través de técnicas de fecundación, mientras que los hombres solo disponen de la adopción como método legal en España para ser padres.


Testimonio

A uno de estos tratamientos de fertilidad decidieron hace dos años recurrir dos mujeres de Castelló para ser madres. Ellas también acuden estos días al encuentro en Orpesa. "Nosotras llevábamos nueve años como pareja cuando se aprobó la Ley de Matrimonios Homosexuales, pero decidimos casarnos hace dos años cuando quisimos ser madres", señaló esta joven de Castelló, que ahora tiene un bebé de cuatro meses.

No hubo debate entre ellas para decidir cual de las dos viviría la experiencia del embarazo, "porque las dos queríamos ser madres, pero era yo la que quería vivir el proceso del embarazo", comentó esta mujer, que prefiere al igual que su pareja, mantener su identidad en privado. Una muestra más de que la normalidad tan deseada y reivindicada aún no es una realidad palpable en Castelló.

Reconoce que cuando tomaron la decisión de tener un hijo tenían miedo a la reacción de sus familias y a un posible rechazo social, "pero no ha sido así porque no hemos tenido ningún problema con nadie y nuestras familias están encantadas", apuntó una de ellas.

Ambas no dudan de que su hijo va a ser un niño feliz, al menos lo van a intentar como todos los padres, pero saben que cuando tenga edad de ir al colegio "puede ser que se encuentre con alguna gente que no lo acepte". En sus planes de futuro está aumentar la familia para que su hijo tenga un hermano o hermana.