sábado, 22 de febrero de 2014

Dios y Pedro Zerolo

Pedro Zerolo






Por Bruno Bimbi


“Ya en la misma teología se sabe que el pecado en este mundo tiene su castigo. No me extrañaría nada que esto fuera un efecto de la divina providencia, que intenta ejemplarizar contra los que se ríen de la virtud”, fueron las palabras usadas por el cura católico español Jesús Calvo en un programa de televisión. El sacerdote se refería a la noticia de que a Pedro Zerolo, activista gay y destacado referente del movimiento LGBT peninsular y latinoamericano, le diagnosticaron cáncer.

“No cambiaría la vida de mi perro por la de Pedro Zerolo”, provocó el entrevistador al sacerdote, preguntándole si ese sentimiento era correcto desde el punto de vista de un buen cristiano, y el cura le dio la razón, agregando que hay mucha “basura social” y es una lástima que no haya más pena de muerte en España, para acabar con esa “gentuza”.

Pedro Zerolo le duele hace mucho a la aún franquista Iglesia católica española porque, parafraseando a Silvio Rodríguez, les duele el amor. Porque mucho tuvieron que ver su inteligencia y su liderazgo con la aprobación del matrimonio igualitario en 2005, durante la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, amigo personal y compañero de partido de Pedro, hoy concejal por el PSOE de Madrid. El periodista y el cura, sin pudor, festejaban y se divertían en vivo comentando la noticia de su enfermedad.





Para el cura Calvo, el cáncer que Zerolo ya comenzó a enfrentar es un castigo divino; lo mismo que años atrás decían sobre el sida. Un castigo contra los que “se ríen” de lo que, según Calvo, Dios considera virtud. Una venganza.
El señor, como un niño perverso que experimenta causando dolor a insectos y sapos, introdujo el tumor en el cuerpo de ese maricón. Tentativa de homicidio —tentativa, sí, porque Pedro va a derrotarlo de nuevo— si fuese un simple terrícola, pero en el cielo rigen otras leyes: Dios es capaz de todo, de lo bueno, de lo malo, de lo peor. Vengativo, no le perdona a Pedro que haya sido el principal referente público y organizador de la lucha por el matrimonio igualitario en España y en otros países, donde ayudó al lesbianas, gays, bisexuales y trans a organizarse en defensa de sus derechos civiles. ¿Cómo pudo ese humano, descendiente de esos malagradecidos que instalé en el jardín del Edén y luego tuve que expulsar, desafiar a mi Iglesia, que será lo que será, pero es mía?
(Preguntó isaac, Padre, qué mal te he hecho para que hayas querido matarme, a mí que soy tu único hijo, Mal no me hiciste, isaac, Entonces por qué quisiste cortarme la garganta como si fuese un borrego, preguntó el mozo, si no hubiese aparecido aquel hombre para agarrarte el brazo, que el señor lo cubra de bendiciones, estarías ahora llevando un cadáver a tu casa, La idea fue del señor, que quería ponerme a prueba, Prueba de qué, De mi fe, de mi obediencia, Y qué señor es ese que ordena a un padre que mate a su propio hijo, Es el señor que tenemos, el señor de nuestros antepasados, el señor que ya estaba acá cuando nacimos, Y si ese señor tuviese un hijo, también lo mandaría a matar, preguntó isaac, El futuro dirá, Entonces el señor es capaz de todo, de lo bueno, de lo malo, de lo peor, Así es, Si tú hubieses desobedecido la orden, qué sucedería, preguntó isaac, La costumbre del señor es mandar la ruína o una enfermedad a quien le falló, Entonces el señor es rencoroso, Creo que sí, respondió abraham en voz baja, como si temiese ser oído…)
Más de 50 mil personas firmaron una petición, dirigida al obispado de León y la Nunciatura Apostólica de España, pidiendo la suspensión del cura Calvo. El papa argentino, más afecto a los “gestos” que a las decisiones, tiene una buena oportunidad para decir a qué vino y, sobre todo, a qué dios le reza. Porque lo más revelador de las palabras de cura Jesús Calvo no es lo que dicen sobre Pedro Zerolo, sino lo que dicen sobre el dios en el que este hombre cree. Cómo lo ve quien predica en su nombre, qué carácter le atribuye y cómo cree que debería ser, entonces, una humanidad hecha a su imagen y semejanza. El cura Calvo, como el pez, murió por la boca.
Supongamos, por un minuto, que Dios existe, aunque el autor de este blog y parte de sus lectores no lo crean. Y supongamos que sí, que de todos los dioses que reivindican para sí el nombre propio, con D mayúscula, el verdadero es ese —católico, apostólico y romano— al que Jesús Calvo le reza. Supongamos, por un minuto, que Dios es ese niño malvado que Calvo inmagina en sus sueños, experimentando con esos bichos que creó hace miles de años, metiéndoles un tumor en el cuerpo cuando no le dan el gusto de cumplir sus caprichos.
¿Qué nos dice el cura Calvo sobe Dios?
(La sangre corría entre las tiendas como una inundación que brotaba del interior de la propia tierra, como si ella misma estuviera sangrando, los cuerpos degollados, desvientrados, cortados por la mitad, yacían por todas partes, los gritos de las mujeres y de los niños eran tales que debían llegar hasta la cima del monte sinaí donde el señor se estaba regocijando con su venganza. Caín no podía creer lo que sus ojos veían. No bastaban sodoma y gomorra arrasadas por el fuego, a los pies del monte sinaí, era patente la prueba irrefutable de la profunda maldad del señor, tres mil hombres muertos sólo porque él estaba irritado por la invención de un supuesto rival con figura de becerro, Yo no hice más que matar a un hermano y el señor me castigó, quiero ver ahora quién va a castigar al señor por estas muertes, pensó caín, y luego continuó, Lucifer sabía bien lo que hacía cuando se rebeló contra dios, hay quien diga que lo hizo por envidia y no es cierto, lo que él conocía era la maligna naturaleza del sujeto.)
José Saramago

Si Dios es así, como lo describen (uno aprobándolo, el otro rebelándose contra él) el cura Jesús Calvo y el Caín de José Saramago, es un dios que merece, sí, ser enfrentado, por más poderoso que sea. El tipo se cree que, sólo por habernos creado, compró el derecho a decidir, para siempre, sobre nuestras vidas, a elegir nuestras costumbres, a censurar o aprobar nuestros deseos, nuestro amor, nuestros proyectos de vida, a condenarnos a la enfermedad, el dolor y la muerte por mero capricho, porque nuestro libre albedrío lo incomodó, porque no somos como Él nos había imaginado, porque osamos ser nosotros mismos y comer las manzanas que nos apatezcan sin su permiso.
(… y además, ángeles, de dónde salió esa peregrina idea de que dios, solo por ser dios, debe gobernar la vida íntima de sus creyentes, estableciendo regras, prohibiciones, interdicciones y otras patrañas del mismo calibre, preguntó caín…)
Exista o no exista Dios (poco importa a esta altura del partido), de algo no tengo dudas. Si quien nos creó es ese tipo perverso que describen Calvo en la televisión española y Caín en la magnífica obra del Nobel portugués, yo estaré siempre del lado de los infieles, junto a mi querido amigo y compañero Pedro Zerolo, una de las personas más buenas y admirables que conozco en este mundo. Pedro tiene todo el amor y la dignidad que a ese ser, imaginario o no, le faltan, tal vez por no ser humano, tal vez por creerse todopoderoso.
Estaré con él para enfrentar a ese dictador genocida y defender la libertad de estas criaturas que somos, nos haya creado quien nos haya creado; para enfrentar su cancerígena tiranía y decidir y responsabilizarnos por nuestra propia vida, sin miedo de ser felices.
Les guste o no a Él y al cura franquista que dice representarlo.