miércoles, 14 de febrero de 2007

Reportaje Interviu



Antonio Ruiz: "Me denunció una monja"
• "Me sacaron de casa el 4 de marzo de 1976. Luego, me violaron en comisaría"


05/02/07El propio presidente de la AEPS, Antonio Ruiz, fue uno de los represaliados. Su historia, terrible, tiene además una alevosía añadida, porque lo detuvieron siendo menor de edad: “Tenía 17 años cuando me declaré homosexual a mi madre; ella le pidió ayuda a una monja, y a ésta no se le ocurrió otra cosa que avisar a la policía –dice–. No se me olvida ese día, el 4 de marzo de 1976, cuando cuatro ‘secretas’ me sacaron de mi casa en Valencia y me llevaron a comisaría. Allí, un policía le dijo a otro preso que yo era homosexual y éste, cómo no, me violó en el mismo calabozo”.Luego lo llevaron ante el juez de Peligrosidad, que, sin proceso alguno –como permitía le ley–, lo envió a la cárcel de Valencia. De ahí pasó a Carabanchel y, por fi n, a Badajoz. Un calvario del que da fe su expediente, que refleja, por ejemplo, el informe médico “antropológico, psíquico y patológico” que el juez valenciano de Peligrosidad, Miguel Pastor López, solicita a Badajoz: “Individuo de 17 años de edad (...). Al preguntarle la causa de encontrarse en la prisión manifiesta que es por haber sido homosexual. Refiere que ha realizado diez o doce veces estos actos homosexuales siendo unas ocasiones sujeto activo y otras pasivo del coito anal (…). Su alteración está en la desviación del instinto sexual pero no de tipo constitucional somática, sino por su personalidad psicopática del tipo de los inseguros de sí mismos”. Lo firma el forense José María Calvo en marzo de 1976, aunque otro médico, unos días después, abunda en el análisis: “Desviado al sexo, busca la ligazón al homónimo desde los 15 años (…). Estos contactos homónimos son buscados voluntariamente y una vez realizados, sufre de remordimientos y angustia, proponiéndose con firmeza no caer más, propósito que no consigue. En suma (…), se trata de un interno homosexual-mixto”. Además de jueces y médicos, asombra el celo con que la policía de entonces vigilaba las conductas desviadas, como se ve en uno de los informes la Dirección General de Seguridad: “Frecuenta los lugares propios de reunión de homosexuales y delincuentes juveniles, lo cual le predispone a una posible inclinación a delinquir o persistir en su actitud homosexual”.

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