miércoles, 14 de febrero de 2007

Ayaan Hirsi Ali: "No todas las culturas son iguales



Ayaan Hirsi Ali: “No todas las culturas son iguales”.
Pablo Gámez
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12-02-2007
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A la somalí Ayaan Hirsi Ali (Mogadiscio,1969) se le define como una de las damas de hierro que combate el Islam. Sobre ella, Mario Vargas Llosa escribió: "El caso de esta luchadora somalí no es único, pero sí uno de los más admirables de personas del tercer mundo que parecen entender mejor, y defender con más convicción y brío, lo más valioso que ha dado al mundo la cultura occidental".


la somalí Ayaan Hirsi Ali (Mogadiscio,1969) se le define como una de las damas de hierro que combate el Islam. Sobre ella, Mario Vargas Llosa escribió: "El caso de esta luchadora somalí no es único, pero sí uno de los más admirables de personas del tercer mundo que parecen entender mejor, y defender con más convicción y brío, lo más valioso que ha dado al mundo la cultura occidental".

Hirsi Ali nació en Somalia en una familia islámica de la tribu Daro. Su padre Hirsi Magan Isse tenía cinco hijos y una hija con cuatro mujeres y era un oponente del dictador somalí Mohamed Siad Barre. A pesar de que su padre, que estudió en Italia y en los Estados Unidos, se oponía a la ablación, su abuela le practicó la extirpación del clítoris cuando ella tenía 5 años mientras su padre se encontraba en el extranjero.

Ayaan Hirsi Ali es una feminista y otrora política holandesa. Desde enero de 2003 y hasta el 16 de mayo de 2006 fue diputada del parlamento holandés. Fue entonces cuando se perfiló como una destacada y muy polémica crítica del Islam.

Los planteamientos políticos de Hirsi Ali han sido inspirados principalmente por su transformación personal de fundamentalista musulmana a atea liberal. Su crítica va dirigida especialmente contra el profeta Mahoma y con la posición de la mujer en la sociedad islámica.
"Mi vida, mi libertad" es el título en castellano de su autobiografía, lanzada al mercado por la casa Galaxia Gutemberg/Círculo de Lectores.

PG: Vargas Llosa no es el único intelectual hispanoamericano que ha escrito sobre Ud., pero sí uno de los más influyentes en América Latina. ¿ Qué desea Ud. que suceda con su biografía cuando ésta empiece a ser leída en un continente como el latinoamericano?

AH: Ante todo quiero contar mi experiencia de cómo fue mi integración en Holanda, y por extensión, a Occidente. Después de 14 años de vida en Holanda y respecto del debate sobre la igualdad de las culturas, llego a la conclusión que todos los seres humanos somos iguales, pero no son iguales todas las culturas. Una cultura como la islámica, que subordina las mujeres a los hombres, que no protege la libertad del individuo o no la respeta, que aplica penas como la horca, u ordena cortar las manos, no es igual a una cultura que considera sagrada la libertad y la vida del individuo y que considera la vida como un fin en sí mismo. Una cultura que no solamente lo dice pero que ha creado instituciones donde uno puede decir como individuo "no soy el esclavo de otro". Que uno es protegido contra eso. Esas dos culturas no son iguales. Mi tema es la mujer. Creo que si mejora la posición de la mujer en el mundo islámico y de la mujer en la comunidad islámica en Europa, la aceptación de la comunidades islámicas en el mundo irá por el buen camino.

PG: En los últimos años Europa se hace las preguntas de cómo lograr que el Islam conviva con el multiculturalismo, o si el Islam es compatible con la democracia occidental. ¿ Por qué razón no escuchamos las mismas preguntas ni vemos el mismo debate en América Latina, donde la población árabe-musulmana llega a ser tan numerosa como en Europa ?

AH: Debo confesar que sé muy poco de América Latina. No sabía por ejemplo que el número de musulmanes allí es similar al número de musulmanes en Europa. En todo caso, estas grandes comunidades de musulmanes empiezan a llamar la atención cuando exigen su propio espacio, por ejemplo con la construcción de mezquitas, el poder sacrificar ovejas o reses según sus propios rituales, y en algunos casos va más allá, como hemos visto en Holanda, cuando se adjudican el derecho a pegar a las mujeres o a sacar a las niñas del colegio. En Europa vemos que este tipo de costumbres y dogmas religiosos chocan radicalmente con los costumbres en el lugar, así sucedió en Holanda. Eso siempre ha sido el motivo para el primer conflicto, que luego escala. Desconozco la situación en América Latina, pero es demasiado temprano para decir que el conflicto, en su continente, no se producirá.

PG. ¿No le resulta más sencillo volcar su mirada hacia América Latina estando ahora trabajando en Estados Unidos ?

AH: Mi inquietud está creciendo. Me interesa mucho el tema de la inmigración, y la mayoría de los inmigrantes en Estados Unidos proceden de América Latina, sobre todo de México. Por eso tengo mucho interés en América Latina. Y mi interés crecerá porque estoy muy curiosa de cómo Estados Unidos tratará el tema de la inmigración y de la integración en comparación con Europa.

PG. Uno de los datos interesantes es que los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos se están convirtiendo al Islam, siendo de origen católicos.

AH: Si eso es verdad, significa que Estados Unidos contemplará con una mirada muy distinta a América Latina. También significa que la sociedad latinoamericana será enfrentada a cuestiones como la separación entre Iglesia y Estado, la posición de la mujer respecto al hombre, la protección de los homosexuales y de la homosexualidad, y el llevar la religión al dominio público. Todos estos temas se discuten ahora en Europa. Y estos temas serán muy relevantes para América Latina. Otro tema muy importante en Europa, porque casi todos los inmigrantes de Europa provienen de países islámicos, es el tema demográfico. En Europa se ve que disminuye el número de hijos por familia, que aumenta el número de personas mayores, y que los inmigrantes islámicos - en el año 2004 hubo 900.000 intentos de entrar en Europa, probablemente más del 90 por ciento de personas procedentes de países islámicos. De esta manera se produce una situación demográfica que cambiará todo. Para una democracia es muy importante, porque toda esa gente acudirá a las urnas. Y esos también serán temas importantes para América Latina. Es un continente que se verá enfrentado a los mismos problemas que Europa. En 2004, España ha sufrido los atentados en los trenes del 11 de marzo, Londres también. A medida que crezca el número de musulmanes y que el Islam radical llegue a América Latina, también llegará el terrorismo practicado en el nombre del Islam. Y considerando el número de católicos en América Latina y cómo viven su religión, existe incluso el peligro de un enfrentamiento religioso. Eso no se produce en Europa, porque la mayoría de los europeos están secularizados, de tal modo que no hay un enfrentamiento entre las religiones.

PG: Ud tiene ahora 37 años. ¿No es temprano para una autobiografía?

AH: Es cierto. Es demasiado pronto. Nunca debí escribir una autobiografía, pero tenía que responder a una pregunta: yo puedo estar diciendo todo el tiempo cómo se tiene que proceder con la integración de otros, pero tengo que explicar cómo ha sido mi propia integración. Había surgido la impresión de que yo lo había tenido demasiado fácil y que era poco matizada. Yo tenía que dejar claro que conozco todos los matices, y conociendo todos los matices, sigo opinando que la cultura de Occidente es superior a la cultura islámica.

PG: ¿ Qué le supuso volver a los difíciles años de su niñez y juventud ?

AH: Es doloroso mirar hacia atrás. Es doloroso reconocer la cultura de mis padres. Es muy difícil reconocer que mis ideas y mi concepción del mundo haya cambiado tanto. Y que sea tan diferente a la de mis padres, a tal punto que ya no es posible una relación honesta con ellos. Son cosas muy dolorosas.

PG: En todos los artículos que he leído de usted, en el libro en español "Yo acuso", y en parte de su autobiografía, veo cada vez más su deseo de que llegue un Voltaire al Islam. Pero Ud. asegura que un proyecto como el de la Alianza de las Civilizaciones no es posible porque el Islam no es civilizado. El otro camino es quizás el que Estados Unidos ha escogido para Afganistán e Iraq. ¿Llega un Voltaire con las bombas?

AH: Una vez más, el término "ayuda" ya no es pertinente. Para Occidente, con Estados Unidos como líder indiscutible, se trata de un interés propio. Debido a la creciente globalización, lo que pasa hoy en Oriente Medio influye en lo que pasa aquí, en España, o en Nueva York o en cualquier otra parte. No se trata de ayuda, se trata de proteger los propios intereses. En el pasado, había una política exterior que cuando a un país le interesaban las materias primas de otro, ponía allí a un dictador o negociaba con el dictador en el lugar, y se conseguían las materias primas. Vemos ahora que eso ya no funciona, que grupos de la población que son excluidos estructuralmente de los ingresos de las materias primas, alzan la voz. Y eso se traduce en movimientos totalitarios como el Islam radical. Ahora Estados Unidos y el mundo occidental tienen que ajustar esa antigua política exterior de solamente coger e irse porque somos más fuertes, y desarrollar una política de un interés más compartido. Esa era la idea detrás de la invasión en Afganistán. "Necesitamos vuestras materias primas, y nosotros echaremos a ese dictador, y construiremos una democracia". Yo apoyaba esa idea y la sigo apoyando.

PG: ¿A pesar del enorme fracaso?

AH: Todo fracasa, porque el gobierno de Bush suponía que se podría hacer dentro de muy poco tiempo. Fue demasiado ingenuo, demasiado romántico. Sabemos que no se puede crear una democracia en un día. Y eso significa que hay que tener el compromiso de permanecer mucho tiempo allí, durante varias generaciones. La gente dice que eso es colonialismo, entonces mejor se puede hablar de un colonialismo compasivo y crear colonias en lugar de ir al lugar e insistir siempre en esa antigua política exterior de que, bueno, desparece Saddam y después llega al poder uno de sus hijos y negociamos con él y no nos importa lo que pasa con la población. Ahora sí nos importa, porque varios aviones se metieron en unos edificios muy grandes e importantes. El 11 de septiembre lo ha cambiado todo. El sucesor de Bush tendrá que responder las mismas preguntas.

PG. ¿ Y qué espera Ud. ante la descomposición que vemos?

AH: Espero que ahora desaparezca la ingenuidad y que la gente sea consciente de que, si vas a un país como Iraq, no te puedes ir. Eso significa que es para mucho tiempo. Cuando se destituyó al Gobierno japonés, después de la segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos fueron a ese país para construir una democracia y eran conscientes de que sería un proyecto de larga duración. Lo mismo ha ocurrido con Alemania. En los países de Oriente Medio, con los que tenemos que ver hoy día, eso durará mucho más tiempo, porque falta toda la organización.

PG: ¿Pero no teme que en ese largo período el Islam se radicalice todavía mucho más?

AH: Seguro. Yo pronostico que al menos los seguidores del Islam en su forma más pura no se dejarán detener por nada y que utilizarán toda la violencia necesaria para cumplir su utopía totalitaria. No se puede negar, es un hecho dado. Pero, contemplarlo, sin hacer nada, no es la solución. Darles lo que quieren tampoco es la respuesta, mucho menos como mujer. ¿Negociar con ellos ?... ya se ha visto lo que está haciendo el dictador iraní, Mahmud Ahmadineyad. Concluyendo: habrá enfrentamientos militares y eso ocurre en muchos lugares. Pero además de un enfrentamiento militar se necesita un enfrentamiento ideológico: hay que conquistar los corazones y las mentes de la población islámica y de las poblaciones que todavía no han sido islamizadas; hay que difundir un mensaje alternativo de libertad, de igualdad, de una vida como objetivo en sí y de la abolición del infierno, porque eso impide a muchos musulmanes aceptar nuevas ideas.

PG: ¿Cómo se siente trabajando ahora en Estados Unidos y no en Europa?

AH: Me agrada mucho estar en Estados Unidos, y trabajar para el American Enterprise Institute. Tengo plena libertad de publicar mi obra, siempre y cuando pueda defender bien mis puntos de vista. Puedo ir a Europa cuando quiera. En ese sentido he tomado una buena decisión al abandonar la política e iniciar mi labor como persona que contribuye a que la gente se pueda formar una opinión crítica respecto del Islam.

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