domingo, 17 de mayo de 2026

17 de mayo: Memoria, Justicia y Reparación frente a la LGTBIQfobia


 17 de mayo: Memoria, Justicia y Reparación frente a la LGTBIQfobia

Hoy, 17 de mayo, nos piden que visibilicemos nuestro maltrato, como si este no hubiera sido evidente toda la vida. Si no lo hubiera sido, ¿cómo habrían podido humillarnos? La invisibilidad no fue una elección; fue la estrategia de supervivencia que nos vimos obligados a construir para huir de la represión y poder existir en la clandestinidad. 
Para nosotros, la visibilidad jamás fue el problema. Visible era el estigma en las calles y el señalamiento en las aulas.
Visibles eran las detenciones arbitrarias, las palizas en los
calabozos y los traslados forzosos. Quienes sufrimos la persecución del régimen aprendimos demasiado pronto que sobrevivir dependía de vigilar cómo caminábamos, cómo hablábamos y cómo existíamos. La dictadura utilizó la homofobia y la transfobia como herramientas de Estado para quebrar nuestras vidas bajo un marco de dominación que pretendía "corregirnos" a la fuerza. Nuestros cuerpos y nuestras identidades fueron declarados peligrosos porque no se ajustaban al modelo dócil y productivo que el régimenexigía. Por eso nos impusieron la prisión, los trabajos forzados en las colonias agrícolas penitenciarias y el destierro de nuestras
propias ciudades y familias. El sufrimiento que la dictadura creó no fue un hecho aislado, sino una violencia institucionalizada que buscaba nuestra aniquilación civil.
Por todo ello, no podemos aceptar que hoy se reduzca nuestra historia a la falsa promesa de una "visibilidad" puramente comercial o de
mercado. No es un paraíso concedido. Fueron las leyes del Estado las que nos empujaron al ostracismo y nos obligaron a desarrollar códigos ocultos para no ser destruidos. Hoy se nos permite aparecer en
campañas institucionales y decoración estacional, pero la violencia estructural sigue operando en las escuelas, en los empleos, en las
fronteras y en las calles.
Sobrevivimos a la cárcel y al destierro porque creamos nuestras
propias redes de apoyo, afecto y resistencia cuando nadie vino a
salvarnos. Nuestras comunidades y refugios nacieron de la urgencia de protegernos en una sociedad que nos negaba la condición de seres humanos.
No existe deuda de gratitud alguna por su "tolerancia". Exigimos una disculpa pública e institucional y una reparación integral por parte de un Estado que legisló, persiguió y encarceló nuestras vidas. Si hoy seguimos aquí, es para recordar que la memoria democrática no es negociable y que no pararemos hasta que la justicia social sea una realidad para todos los que sufrimos el terror del pasado.

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