sábado, 4 de octubre de 2014

MÁS DE DIEZ LESBIANAS SON VÍCTIMAS DE "VIOLACIONES CORRECTIVAS" EN SUDÁFRICA CADA SEMANA








Cada semana, más de 10 mujeres bisexuales o lesbianas son violadas en Ciudad del Cabo para curar su homosexualidad. Sufren las llamadas violaciones correctivas, agresiones individuales o grupales en las que se contagian de enfermedades venéreas, y que sus agresores a menudo concluyen con palizas, en ocasiones fatales. Y suelen afectar a mujeres negras de las zonas más pobres, que en la mayor parte de los casos ni siquiera denuncian, conscientes de que estas agresiones no quitan el sueño a las autoridades.

Irónicamente, Sudáfrica es también conocida como la nación arco iris; uno de los países teóricamente más avanzados en el reconocimiento de los derechos de gais, lesbianas, bisexuales y transexuales (LGTB) de África; el único estado del continente que permite el matrimonio entre parejas del mismo sexo -desde 2006-, y uno de los pocos en aprobar con una ley de equidad homosexual en el trabajo. 

La teoría es una cosa, pero la realidad otra: "Tenemos una de las constituciones más progresistas de África, pero seguimos padeciendo estos crímenes de odio", denuncia a Público Ndumie Funda, dirigente y fundadora de la organización Luleki Sizwe, que desde 2008 asiste a las mujeres que son víctimas de esta barbarie. Teniendo en cuenta el número de mujeres que se ven sometidas a estas prácticas sólo en Ciudad del Cabo -con cerca de cuatro millones de habitantes, menos del 10% de la población total- no es difícil comprender la dimensión de este problema, que afecta también a otros países del continente. 

"Los complejos machistas se unen a la voluntad de cambiar la orientación sexual de una persona; creen que no está bien y no ven otra manera de cambiarla", explica la activista. En los últimos 10 años, más de 30 lesbianas, bisexuales o transexuales han sido asesinadas en este país por su orientación o identidad sexual, pero la inmensa mayoría de los agresores salen impunes, y la legislación no considera estos delitos como crímenes de odio.

"Si el Gobierno se implicase podríamos acabar con algunos de estos crímenes, todo depende de quién controle el país", critica la activista, antes de recordar que hace menos de medio año otra mujer fue violada y asesinada por su orientación sexual, pero los culpables siguen en la calle. "Tenemos que entender la realidad a la que nos enfrentamos, invertir en prevenir estos crímenes de odio, crear una legislación de la que seamos parte", razona.

Es precisamente con esta denominación, crímenes de odio, como describe Funda estos ataques, evitando referirse a ellos como violaciones correctivas. Independientemente de su denominación, el número de casos registrados aumenta , organizaciones LGTB de otros países piden a las turistas LGTB que no viajen a Sudáfrica, mientras plataformas como Luleki Sizwe ayudan a las víctimas y critican a quienes permanecen cruzados de brazos ante esta realidad.

"Apoyamos a las víctimas de violaciones y a todos aquellos que sufren el odio por el mero hecho de su orientación sexual. Hablamos con líderes religiosos, familias, escuelas, comunidades... intentamos que se traten estos temas, hacemos presión, visibilizamos estos crímenes", defiende la activista. 

En 2009, 'Action Aid' cifraba en 500.000 el número de mujeres afectadas por estas agresiones cada año en Sudáfrica. Una de las últimas campañas relacionadas con las violaciones correctivas aseguraba que de cada 25 hombres acusados de asesinato en Sudáfrica, 24 salen en libertad, aunque Funda insiste en que las cifras están siendo revisadas. "No creo que más de cien hombres hayan sido condenados en la historia de Sudáfrica por estos delitos", lamenta.

En 2009 Action Aid cifraba en 500.000 el número de mujeres afectadas por estas agresiones cada año en Sudáfrica. Ese mismo año, el 28% de los hombres entrevistados por el Concilio de Investigaciones Médicas reconocieron haber violado a una mujer, uno de cada veinte confesó haber cometido crímenes sexuales en los últimos años, y en un grupo de 487 hombres cerca del 7% reconocieron haber participado en violaciones colectivas. 

Amnistía Internacional también ha documentado estos crímenes, señalando directamente al Gobierno sudafricano como corresponsable del sufrimiento de miles de mujeres. "La ausencia de una respuesta política y policial adecuada a la proliferación de estos delitos es motivo de continua preocupación, y favorece la comisión de violaciones de derechos humanos puesto que el Estado no cumple con su obligación de proteger de la violencia a un sector de la población", asegura en su informe Cuando el amor es delito: Penalización de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo en el áfrica subsahariana (2013).

El hecho de que estos crímenes sigan teniendo lugar, y aunque de momento las afectadas sean mujeres de raza negra -a menudo de las zonas más pobres- ha hecho que la federación LGTB Colegas recomiende a las turistas lesbianas y bisexuales que no visiten Sudáfrica, para evitar exponerse a estas agresiones.
"En África son muy habituales este tipo de correcciones; piensan que así les hacen un favor, las curan", explica Paco Ramírez, portavoz de Colegas. "La violan, obtienen su satisfacción y de paso la curan del lesbianismo, se da en muchos países de áfrica central", añade.

El activista afirma que, de momento, los hombres no sufren este tipo de agresiones, y recuerda que estas prácticas no pueden considerarse algo aislado, aunque se focalicen principalmente en Sudáfrica. "En otras zonas de África existe la creencia de que, si tienes una enfermedad venérea y haces el amor con una virgen, esta te cura de tu enfermedad", explica, como ejemplo.

Ndumie Funda lucha por los derechos de gais, lesbianas, bisexuales y transexuales desde mucho antes de crear Luleki Sizwe, y sus últimos años de vida han estado muy marcados por estos ataques a las mujeres LGTB. De hecho, Funda bautizó esta plataforma uniendo los nombres de su expareja y de una amiga, ambas fallecidas por distintas enfermedades contraídas durante las violaciones correctivas a las que se vieron sometidas. 

La determinación de Funda a la hora de ayudar a las víctimas es total, y su esfuerzo ha permitido que algunos medios internacionales se hagan eco de la difícil realidad a la que se enfrentan las mujeres sudafricanas. La activista, que no llega a los cuarenta años, reconoce que en otros países de África la situación es peor en ciertos aspectos. 

Uganda aplica la pena de muerte a los homosexuales, y otros 37 países africanos consideran ilegal ser gay, lesbiana, bisexual o transexual. Funda lo sabe, y reconoce que queda mucho trabajo por hacer, pero defiende que su labor debe focalizarse en Sudáfrica, en Ciudad del Cabo, donde están sus raíces. "Sé que las cosas están mal en otros países, pero tengo que centrarme en lo que ocurre aquí. Es aquí donde vivo, aquí está mi lucha".

Fotografía: Ndumie Funda y una víctima de la violencia contra las mujeres LGTB en Sudáfrica (Luleki Sizwe - Facebook).
(Por Alejandro López de Miguel, publicado en publico.es)