martes, 25 de febrero de 2014

La ley antigais ugandesa convierte en criminales a miles de personas

Protesta en Kenia contra la ley homófoba de Uganda









El presidente del país africano, Yoweri Museveni, aplica cadena perpetua para los homosexuales



El presidente de Uganda, Yoweri Museveni, ha firmado este lunes el proyecto de ley que endurece las penas contra la homosexualidad en su país y que amplía la represión contra gais y lesbianas. A partir de su entrada en vigor, los “actos homosexuales” se castigan con 14 años de cárcel si se demuestra que ha habido una sola relación y hasta con cadena perpetua en el caso de “homosexualidad agravada”, es decir, para quienes mantengan una relación a lo largo del tiempo de manera consentida o si en ella participa un menor, un discapacitado o una persona con sida. Además, a partir de ahora también se considera delito no denunciar a un gay, hacer promoción pública de la homosexualidad o las relaciones sexuales entre mujeres, que no se prohibían en la ley vigente. La activista por los derechos del colectivo LGTB Kasha Jacqueline ha asegurado este lunes: “Ya soy oficialmente criminal por ser lesbiana, según mi presidente”.

La ley antigais de Uganda, así se la conoce, lleva cinco años de debate y tramitación desde que en 2009 la presentara al Parlamento el diputado del partido gubernamental David Bahati y se ha convertido en todo un símbolo de la lucha de los colectivos LGTB y de Derechos Humanos contra la homofobia en África. Durante todo este tiempo incluso ha sido “suavizada” a consecuencia de la presión de organizaciones internacionales y Gobiernos extranjeros, pues incluía la pena de muerte para determinados supuestos, lo que se cambió finalmente por cadena perpetua. Pero dichas presiones no lograron hacer cambiar de idea al final al presidente ugandés que, pese a sus reticencias iniciales, ha acabado por firmar la ley desoyendo, por ejemplo, las recientes advertencias del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que llegó a asegurar que la nueva norma “podría complicar” las relaciones entre ambos países.
“Los africanos no intentamos imponer nuestros puntos de vista a los demás, si pudieran dejarnos en paz…”, dijo Museveni este lunes durante el acto de firma de un proyecto de ley que se apoya en un informe de científicos ugandeses que concluye que no existe una base genética para la homosexualidad. En vistas de este informe, el presidente Museveni, que previamente había dicho que los gais eran “anormales” y que por eso no estaba de acuerdo en castigarlos de manera severa, asegura haber cambiado de opinión y estar ahora convencido de que la homosexualidad “es una elección llevada a cabo por individuos que pueden intentar influir en otras personas”.

La ‘plaga occidental’

EMILIO DE BENITO
En África no había gais, llegaron con la colonización. En China, Sochi, Irán, Rusia y Zimbabue, tampoco. Presidentes, alcaldes y otros mandatarios, todos poco democráticos, han utilizado el argumento de la negación para justificar la represión de su población homosexual. Se trata, según ellos, de una moda, un contagio importado de Occidente. Tampoco inventan nada. Muchos de estos países, antiguas colonias (británicas, por ejemplo) solo tuvieron que mantener en vigor las leyes de la antigua potencia para aplicar la represión. Solo nuevas leyes, como la avanzada de Sudáfrica, han conseguido romper esa mezcla de herencia y tradición.
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La aprobación de la ley ha caído como un auténtico jarro de agua fría entre los activistas del colectivo LGTB en Uganda, ya perseguidos social y legalmente, pero que a partir de ahora sufrirán una mayor represión. Kasha Jacqueline Nabagesera, fundadora de Freedom and Roam Uganda y varias veces premiada por su labor en Europa y Estados Unidos, explicó ayer a este periódico que “es muy insultante que adultos conscientes puedan ser considerados criminales solo por amarse”. “Nuestros derechos humanos han sido pisoteados, hemos sido reducidos a ciudadanos de segunda clase. Estamos asustados y preocupados, pero no vamos a dejar de luchar”, añadió.
Miembros del colectivo homosexual ugandés han manifestado en los últimos días su temor a ser denunciados por sus vecinos y conocidos una vez se apruebe esta ley. De manera muy especial los activistas que en los últimos años se han significado en su lucha contra esta nueva normativa se sienten ahora más amenazados que nunca. Kasha Jacqueline Nabagesera no piensa, sin embargo, abandonar el país, lo dijo en Twitter: “Tengo que quedarme con la gente que no tiene esa oportunidad, ahora tenemos que estar más unidos”. “Ahora soy oficialmente una criminal por ser lesbiana, algo sobre lo que no tengo control, según ha dicho Museveni”.
El premio Nobel de la Paz sudafricano Desmond Tutu había asegurado hacía tan solo unas horas que esta ley recuerda la persecución de los nazis contra determinadas minorías o la legislación del régimen del apartheid que “legislaba contra el amor”. Uno de los activistas más conocidos contra esta ley que ahora ve la luz fue David Kato, asesinado en Kampala el 26 de enero de 2011 a martillazos después de que el periódico local Rolling Stone publicara su foto y la de otras 99 personas en un artículo en el que se incitaba a matar a los homosexuales.

Una amplia minoría

Legislaciones. El último informe sobre la homofobia en el mundo, efectuado por la Asociación Internacional de Lesbianas y Gais (ILGA), de mayo de 2013, ofrece un panorama ligeramente optimista: en 144 países o territorios las relaciones entre personas del mismo sexo son del todo legales, frente a 76 donde se castigan con penas de cárcel.
Pena de muerte. Cinco países mantienen en sus legislaciones la pena de muerte para las personas que tengan relaciones homosexuales. Dos son africanos —Mauritania y Sudán— y tres, asiáticos: Arabia Saudí, Irán y Afganistán. Además, también se aplica el máximo castigo en territorios del norte de Nigeria y del sur de Sudán.
Homofobia estatal. El informe de ILGA es anterior al endurecimiento de las leyes en Uganda o a las proclamaciones homófobas de personas como el presidente de Gambia, Yahya Jammeh, quien acaba de declarar que perseguirá a la comunidad LGTB (iniciales de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales) como “alimañas”. Otros países africanos como Nigeria, Camerún o Zimbabue también han endurecido sus discursos.
Rusia. En el informe no aparece ningún país europeo en el que la homosexualidad esté prohibida. Según la letra de la ley, esto es así, porque legislaciones como la de Rusia o Lituania no castigan las relaciones en sí mismas, sino cualquier manifestación pública de estas que pueda ser considerada propaganda, lo que incluye desde las manifestaciones al hablar en clase de diversidad sexual o cualquier muestra de afecto (una caricia, ir de la mano) que puedan ver menores. Moldavia tuvo una ley parecida, pero la derogó. Armenia la ha estudiado. Entre las repúblicas de la antigua URSS, Turkmenistán y Uzbekistán también prohíben estas relaciones. Lo mismo que en el norte de Chipre.
África. Es, estadística en mano, el continente más homófobo. De los 54 países que ha estudiado la ILGA, aparte de los dos con pena de muerte, otros 24 castigan con cárcel las relaciones homosexuales (en tres, Sierra Leona, Tanzania y Uganda hasta con cadena perpetua). En los otros 18 no hay castigo legal, lo que no quiere decir que la homosexualidad sea aceptada.

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